La contaminación acústica amenaza la supervivencia de más de 100 especies

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La contaminación acústica se trata de un problema global de proporciones recientes que amenaza la propia supervivencia de más de un centenar de especies, incluyendo anfibios, artrópodos, aves, peces, mamíferos, moluscos y reptiles, tanto terrestres como acuáticos.

Especialmente en las zonas urbanas, la contaminación acústica se trata de uno de los problemas ambientales más graves, según la propia Organización Mundial de la Salud. El exceso de ruido aumenta con creces el riesgo de padecer estrés, enfermedades cardíacas o tinnitus, además del deterioro cognitivo en los niños. También existen datos que confirman que daña a muchos otros animales, como pájaros cantores, delfines y ballenas.

Ha visto la luz una nueva investigación que confirma que el ser humano es un “importante contaminante global” que daña un rango vida animal mucho más amplio de lo que se pensaba hasta el momento. Publicado en la revista Biology Letters, el estudio sugiere que la contaminación acústica no solo daña a muchos animales, sino que también amenaza la supervivencia de más de 100 especies diferentes de todo el reino animal, incluidos anfibios, artrópodos, aves, peces, mamíferos, moluscos y reptiles, que viven tanto en la tierra como en el agua.

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La investigación revela como a pesar de las diferencias obvias entre estos diversos grupos de animales, las especies de cada grupo muestran reacciones sorprendentemente similares a la contaminación acústica. “Hay una evidencia clara de que la contaminación acústica afecta a los siete grupos de especies y que los diferentes grupos no diferían en su respuesta al ruido”, comenta el autor principal Hansjoerg Kunc, profesor titular de biología y comportamiento animal en la Universidad de Queen. De este modo, la contaminación acústica es la normal y no la excepción.

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Los autores solicitan que los cuerpos legislativos regulen este factor de estrés ambiental de manera más efectiva, ya que lejos de verse reducida, la contaminación acústica está empeorando en buena parte del planeta 

Para el nuevo estudio, Konc y el coautor Rouven Schmidt realizaron un metanálisis, observando una variedad de estudios publicados sobre cómo los animales no humanos responden a la contaminación acústica. Al integrar los hallazgos de estos estudios y analizarlos juntos, identificaron varias amenazas de contaminación acústica que podrían afectar la supervivencia y las tendencias poblaciones hacia una amplia gama de animales.

Cómo daña la contaminación acústica al reino animal

Muchas especies dependen de señales acústicas para la comunicación: muchos anfibios, aves, insectos y mamíferos se sirven del sonido para negocios vitales como encontrar parejas o advertir sobre los depredadores. Si la contaminación acústica ahoga estos mensajes y los apaga o no llegan a sus receptores, se dificulta su capacidad de reproducirse o huir del peligro mortal, amenazando la supervivencia y la estabilidad de su población.

También acrecenta la vulnerabilidad a los depredadores, o al contrario, propicia que los depredadores no puedan encontrar alimento. Por ejemplo, murciélagos y búhos dependen del sonido para cazar y se ven impedidos para ello si el ruido oscurece los sonidos sutiles de sus presas. Aunque la contaminación acústica sea leve o intermitente, estos animales se ven forzados a gastar más tiempo y energía en la búsqueda de alimentos, lo que podría disminuir de forma alarmante sus poblaciones 

Los animales acuáticos pueden verse negativamente afectados: desde ballenas y delfines a larvas de peces. También las aves migratorias evitan las áreas con contaminación acústica, modificando la trayectoria de sus viajes y el establecimiento de sus hogares. Este fenómeno afecta en cadena a múltiples ecosistemas. Urge por tanto desarrollar estrategias para proteger a los animales del ruido para su subsistencia. La parte positiva, es que al contrario de otros tipos de contaminación como la de carácter químico, cuyas consecuencias tóxicas perviven en el medio ambiente durante años, el ruido desaparece en cuanto disminuimos o terminamos con su emisión.

Fuente | Mother Nature Network



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