el Julio Iglesias del Imperio mongol

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    Genghis Khan es conocido por ser el fundador del gran Imperio mongol, un logro al que llegó a base de saqueos, muertes, secuestros y violaciones. Aunque solo tuvo una esposa oficial, Börte, se le conocen varias mujeres de más baja clase social, algunas desposadas a la fuerza después de conquistar sus tierras. Solo los cuatro vástagos de Börte fueron reconocidos por él como legítimos, pero se dice que tuvo hasta cien más con el resto de parejas. Probablemente sea una cifra un tanto exagerada, fruto de la leyenda en la que se convirtió el conquistador mongol. Sin embargo, todos los escritos de la época coinciden en que tuvo una gran descendencia, que a su vez también fue especialmente fructífera. Claro ejemplo de ello es el de su hijo mayor, Tushi, que tuvo 40 hijos, de los cuales uno de ellos, Kubilai, fue padre de 22 niños legítimos y otros tantos no reconocidos. En definitiva, Genghis Khan fue un poblador nato, que se dedicó a rellenar con niños los huecos que dejaba tras sus saqueos. Por eso, cuando en 2003 un equipo de 23 genetistas encontró en torno a lo que fueron sus dominios las pruebas genéticas de un mismo linaje de gran amplitud, no le sorprendió que su rastro llevara hasta él.

    Sin embargo, no fue el único cuya prole supone un gran porcentaje de la población actual. De hecho, varios estudios posteriores, sacan a la luz la existencia de otros, como el emperador chino Giocangga y el señor de la guerra irlandés Uí Néill.

    La clave está en el cromosoma Y

    En 2003, el equipo del genetista evolutivo Chris Tyler-Smith analizó el ADN de 2.123 hombres, distribuidos por diferentes puntos del antiguo imperio mongol y sus alrededores. Al analizar el cromosoma Y, comprobaron que más del 90% de ellos contenían haplotipos con un patrón habitual. El término haplotipo hace referencia a un conjunto de variantes de genes de diferentes partes de un mismo cromosoma que se transmiten juntas a la descendencia. Comprobaron que la mayoría tenía un código único y que los pocos haplotipos que estaban presentes en más de un individuo pertenecían a personas dentro de una misma población. Sin embargo, hubo algo más que llamó su atención, pues encontraron un patrón diferente que se repetía en hombres de 16 poblaciones en una gran área geográfica, extendida desde Asia Central hasta el Pacífico.

    Esta parecía corresponderse a un mismo linaje tan amplio que, según las conclusiones del estudio publicado en American Journal of Human Genetics, englobaría al 8% de los habitantes de lo que en su día fue el Imperio mongol, pero también al 0’5% de la población mundial.

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    Eligieron el cromosoma Y porque, al contrario que otros, no experimenta procesos de recombinación, en los que se intercambian fragmentos entre cromosomas homólogos. El Y se transmite directamente de generación en generación, sin más alteraciones que posibles mutaciones que tengan lugar aleatoriamente, conocidas como marcadores. Estos marcadores pueden ser muy útiles en genética de poblaciones, ya que se puede retroceder en el tiempo rastreando el ADN de individuos con un mismo marcador hasta localizar el momento en el que se produjo, determinando así la procedencia a un mismo linaje.

    En este caso concreto, se localizó el inicio del linaje en algún momento hace 1.000 años. Esto indicaría que no se originó con Genghis Khan, ya que él nació bastante después, en 1162. Sin embargo, sí que significa que podría haber sido transmitido hasta él por un ancestro no muy lejano, quizás un tatarabuelo. Pero entonces, ¿por qué iba a ser él el encargado de diseminarlo?

    La respuesta se encontraba un poco más allá del antiguo Imperio mongol, en Pakistán. Este fue el único lugar fuera de los dominios de Genghis Khan en el que también se encontraron un gran número de personas pertenecientes a este linaje y, curiosamente, coincide con uno de los lugares de asentamiento de los Hazaras, un grupo étnico cuyos miembros, según la tradición oral, descienden directamente del emperador.

    Todo esto no son más que suposiciones, pues nunca se encontró la tumba del mongol y, por lo tanto, es imposible saber si su ADN cuadra con todas estas teorías. Sin embargo, la historia parece apoyar las conclusiones del estudio, que lo señalan como uno de los hombres más prolíficos de la historia.

    Otros abuelos de la humanidad

    En 2015, un segundo grupo de genetistas, dirigidos por Mark Jobling, de la Universidad de Leicester, y Patricia Balaresque, de la Universidad Paul Sabatier, realizó un nuevo estudio en el que se concluía la existencia de otros diez grandes linajes.

    La identidad de la mayoría de hombres detrás de estos regueros de descendientes no consiguió determinarse, aunque sí que se apunta a al chino Giocangga como uno de ellos.

    Para la realización de dicho estudio se analizó el cromosoma Y de más de 5.000 hombres, pertenecientes a 127 poblaciones de Asia. Del mismo modo que ocurrió con el estudio de 2003, el legado de Genghis Khan se destacó claramente, pero también el del emperador chino. Los otros nueve linajes se originaron desde el Oriente Medio a Asia suroriental y datan de entre 2100 antes de Cristo y el 700 después de cristo.

    Pero no todos los grandes procreadores se encontraban en Asia. También los hubo por otras zonas del globo. Este es el caso de Uí Néill, un señor de la guerra irlandés que, según un estudio publicado en 2006, pudo haber dado lugar a más de 3 millones de descendientes en nuestros días.

    Esta vez estuvo detrás de la investigación un equipo de científicos del Trinity College, de Dublín, que de nuevo se centró en los haplotipos presentes en el cromosoma Y de los participantes en el estudio. Encontraron que en n punto del noroeste de Irlanda un 21’5% de sus habitantes poseen la huella genética del guerrero y que, además, se encuentra en un 16.7% de los hombres del oeste y el centro de Escocia e incluso ha aparecido en múltiples muestras de población de América del Norte, incluyendo el 2% de los neoyorquinos de origen europeo y estadounidense.

    Este estudio rastrea también el origen de ciertos apellidos, que podrían llevar hasta Uí Néill. En total, determinan que toda su descendencia podría distribuirse solo en veintiséis apellidos diferentes: (O ‘) Neill, (O’) Gallagher, (O ‘) Boyle, (O’) Doherty, O’Donnell, Connor, Cannon, Bradley, O’Reilly, Flynn, (Mc ) Kee, Campbell, Devlin, Donnelly, Egan, Gormley, Hynes, McCaul, McGovern, McLoughlin, McManus, McMenamin, Molloy, O’Kane, O’Rourke y Quinn.

    Solo esos tres hombres están detrás de una buena proporción de los habitantes actuales del planeta. Lamentablemente, la mayoría lo consiguieron a base de saqueos, secuestros y violaciones. Al menos, lo grandes pobladores de la actualidad lo hacen por la fama que les da el mundo del espectáculo y no por haber sembrado el miedo allá donde fueron.



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