Dilema de la Cena, o por qué no conviene repartir la cuenta

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«¿Mitad y mitad?» es una frase bastante común al momento de cenar o almorzar con un amigo, pero hay excepciones. Tal vez prefieras encargarte por completo de la cuenta si la compañía es muy buena o si está pasando por un mal momento económico y decides dar una mano, ¿pero qué sucede cuando el grupo es más grande? Básicamente ingresamos al territorio del Dilema de la Cena, donde todos tratan de abusar las reglas establecidas (en este caso, dividir la cuenta en partes iguales), pero terminan peor que al principio.

Imagina a un grupo de cuatro amigos que se reúnen para ponerse al día, y de paso invadir un popular local de hamburguesas donde procederán a devorar algunos ejemplares. Al estudiar la carta, el grupo comprueba que el local simplemente ofrece una hamburguesa buena pero de tamaño regular a 1 euro, y una super-mega-archi-hamburguesa de 3 euros. Sin embargo, antes de ordenar los cuatro amigos acuerdan dividir la cuenta total en partes iguales. Aquí es cuando ingresamos a la mente de uno de ellos. Este amigo sabe que la hamburguesa regular es decente, pero la super-hamburguesa se ve muy bien… aunque no tanto por 3 euros. La clave es que al dividir la cuenta en partes iguales, él puede desplazar cierto porcentaje del monto a las partes de sus amigos. Si ordena una super-hamburguesa y sus amigos tres regulares, terminará pagando 1.50 euros en vez de los 3 euros originales. Hasta allí, todo suena genial, pero…


El Dilema de la Cena


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… la verdad es que sus amigos no son idiotas, y llegan a la misma conclusión: Ordenar la super-hamburguesa y distribuir el cargo extra entre las partes. Bajo este humilde ejemplo, el Dilema de la Cena nos enseña que al tratar de manipular las condiciones iniciales y beneficiarse, los cuatro amigos alcanzan un equilibrio en el que todos salen perjudicados, o sea, pagan el precio completo de la super-hamburguesa cuando no querían hacerlo en primer lugar. Lo más interesante es que tres científicos, Uri Gneezy, Ernan Haruvy, y Hadas Yafe, decidieron poner a prueba al dilema en la vida real. Reunieron a un grupo de gente para comer, entregaron 20 dólares a cada participante, y los dividieron en tres subcategorías: En la primera, cada uno pagaría individualmente. En la segunda, la cuenta quedaría repartida, y en la tercera, la cena sería gratuita.



Como era de esperarse, los que pagaron por su cuenta fueron los que menos comieron, quienes recibieron la cena gratuita aprovecharon la situación al máximo, y los que repartieron el monto final se quedaron a mitad de camino. En la segunda fase reunieron a un nuevo grupo de participantes, pero en esa oportunidad, todos iban a abonar individualmente con una condición: Sólo pagarían la sexta parte del costo de su comida. Ese detalle permitió al nuevo grupo llegar al mismo nivel de consumo que el grupo anterior en la subcategoría de reparto. En resumen, el Dilema de la Cena es una lección de eficiencia y egoísmo. Bajo un sistema arbitrario, cada elemento tratará de tomar ventaja, aún si las condiciones del sistema empeoran. Lo más eficiente es pagar por separado, y de acuerdo con el estudio, el 80 por ciento de los participantes así lo prefería desde el principio.


Accede al estudio (PDF): Haz clic aquí


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Lisandro Pardo



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