El cleptógrafo, detective automático – Tecnología Obsoleta

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Precisamente con el título que he empleado como cabecera de este post, comenzaba una pequeña nota en la edición del 20 de noviembre de 1909 de la revista Mundo Científico, publicada en Barcelona:

…se trata de un aparato destinado a registrar los robos, produciendo una fotografía del culpable inscribiendo, a la vez, la hora exacta del atentado. La sala donde está instalado el cleptógrafo encierra un sistema de puntos de contacto, ingeniosamente distribuidos por las puertas, ventanas, muebles, cajas de caudales, cajones, etc… Tan pronto como una persona extraña se introduce en la sala, una cámara fotográfica, obedeciendo al impulso de los puntos de contacto tocados involuntaria e inconscientemente por el intruso, dirige automáticamente el objetivo hacia la parte donde radica el punto de contacto herido, es decir, hacia el malhechor y, después de abrir el objetivo, enciende el polvo de magnesio destinado a proporcionar la luz instantánea para la impresión del negativo y obtura el objetivo, cambia la película y prepara una nueva porción de magnesio, registrando la hora exacta del suceso. El conjunto de estas diversas operaciones será evidentemente realizado en menos tiempo del necesario para describirlo, y el aparato quedará preparado inmediatamente para tomar una nueva toma, lo que se efectuará tan pronto como el ladrón toque un nuevo contacto y así sucesivamente. El cleptógrafo, comparable a un detective invisible, habrá seguido y dibujado las idas y venidas del ladrón, proporcionando a la policía datos auténticos y de un valor extraordinario para la busca del autor del robo…

Recordemos que se trata de un artilugio ideado en 1909, por lo que era algo muy osado para su tiempo y se adelantaba bastante a otros sistemas de seguridad y registro creados décadas más tarde (desconozco si se llegó a utilizar en la práctica o sólo quedó en un modelo de demostración). En La Ilustración Española y Americana, edición del 8 de noviembre de 1909, se comenta que la invención partía de un empleado de banca italiano, un tal Camusso, director de una sucursal bancaria del Piamonte. De esa publicación he extraído la mejor imagen que he encontrado del mencionado cleptógrafo, que reproduzco a la vera de estas letras.

Un dispositivo nuclear perdido en el Himalaya

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