Megalodón sabe que es una película estúpida, pero eso  es precisamente lo que la hace tan genial

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A pesar de que son radicalmente diferentes, Megalodón parece un extraño homenaje a la película Tiburón, de Steven Spielberg. Es como si los guionistas de la película se hubiesen sentado a ver la obra maestra de 1975 y hubiesen empezado a hacerse preguntas. ¿Qué pasaría si el tiburón realmente se comiese a la gente de la playa? ¿Y si los héroes pudiesen luchar contra el tiburón bajo el agua? ¿Y si realmente hubiesen conseguido un barco más grande?

Todo eso y más sucede en Megalodón, del director Jon Turteltaub (La búsqueda). Es la última película del género sobre ataques de tiburones que la película de Spielberg popularizó hace ya muchos años. No solo se encarga de formular esos “¿y si…?” que les faltaba a la trama de Tiburón, sino que completa también la historia detrás de la película. Los historiadores cinematográficos (y el propio Spielberg) te dirán que Tiburón es una obra maestra porque el director tuvo problemas en el set y no pudo enseñar el tiburón tanto como quería. Eso terminó haciendo que la película fuese mucho más aterradora. Spielberg no tiene nada que ver con Megalodón pero la película tiene un aire a lo que pudo haber sido si si Tiburón hubiese tenido un presupuesto ilimitado, acceso a la tecnología actual, y haber bebido un par de cervezas antes de rodarla. Es una película de tiburones sin tener ninguna de esas limitaciones, y trata de explotarlo, dejando como resultado una película de acción tonta y divertida de las que a todo el mundo le encanta ver.

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Tantas cosas ridículas pasan en Megalodón que la única forma de que funcione es representarlo todo muy, muy en serio. Sharknado, por ejemplo, hace todo lo contrario. Tomemos a Jason Statham, un tipo duro y directo, con un cierto aire de sabiduría en su mirada. Interpreta a Jonas, un experto en rescatar a gente en mar abierto, que en dos ocasiones se encuentra con un animal que no debería estar vivo. Nadie cree que Jonas hubiese visto un animal así. Se trata del Megalodon, el tiburón más grande y (presumiblemente) extinto del mundo. Pero lo que decía era cierto, y ahora está suelto.

Sin embargo, antes de que Megalodón apriete a fondo el acelerador, el director tiene una sorprendente cantidad de cosas que presentar y contextualizar, y esto se llega a convertir en algo un poco frustrante. La película tiene un gran elenco de personajes y más o menos se establece una relación lógica entre ellos antes de que comience toda la acción. Además, la mayor parte de esto ocurre en laboratorios subacuáticos o submarinos, lo que se traduce en mucha, mucha oscuridad. Sin embargo, si empiezas a aburrirte, tranquilo. Cuando empieza la acción, empieza lo bueno.

Megalodón es una verdadera bola de nieve de estupendas chorradas. Empieza como algo pequeño, pero en cuanto salimos a mar abierto, las cosas se descontrolan por completo. Y, justo cuando piensas que no podría ser todo más salvaje, se descontrola mucho más. Exponencialmente. Las cosas se vuelven tan locas en Megalodón que toda la película casi parece una comedia, y te deja tan en shock que acabarás riéndote de lo asombrado que te deja.

Mucha de esa diversión es por el tiburón, por supuesto, pero también del espectacular casting de actores que han elegido, cada uno de los cuales juega un papel crucial y está contextualizado lo suficiente como para que te importe si se los comen o no. Está Suyin, interpretada por Bingbing Li, una súper científica que es mejor que Jonas en casi todo, y con el que existe cierto flirteo amoroso. Hay también un multimillonario estúpido, interpretado por Rainn Wilson; está el jefe de la estación, interpretado por Cliff Curtis; un experto en tecnología interpretado por la nueva Batwoman, Ruby Rose; y luego una de las joyas de la corona, una jovencita divertida e inteligente de solo 10 años interpretada por Sophia Cai. Pero esto es solo la punta del iceberg. Hay muchas otras apariciones menores pero casi igual de memorables que llenan de vida y personalidad a la película.

Y por el camino, Turteltaub deja que la acción siempre vaya por delante. Rara vez hay una escena o algo de desarrollo de un personaje en el que no haya algún tipo de contratiempo desafortunado, lo que siempre acaba dejando una entretenida historia. Y estos episodios son increíblemente variados, desde los tradicionales encuentros barco-tiburón hasta batallas submarinas de tiburones, brillantes secuencias en la playa, carreras de agua e incluso luchas entre los personajes. Algunos de estos momentos son tensos, otros divertidos y otros simplemente resultan imposibles de superar.

Todo lo demás que acompaña a Megalodón mantiene ese tono hiperrealista. La música es perfecta. Los efectos especiales son especialmente reales, pero se utilizan de una forma tanhortera que funciona a la perfección. Incluso la forma en que está rodada la película hace que fluya con el tono de la película. Básicamente, Megalodón es una película estúpida, pero sabe que lo es y le saca partido. Eso da como resultado una mezcla que hace que todo funcione. Es exactamente lo que te imaginabas. Un pequeño homenaje en forma de taquillazo de verano. Un género que adivina con quién comenzo. Si, Tiburón.



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