Componente electrónicos biodegradables que se desintegran a petición del usuario

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Investigadores de la Universidad de Cornell, Nueva York (Estado Unidos) están trabajando en un nuevo método de desarrollo de componentes electrónicos capaces de ‘evaporizarse’ sin producir ningún tipo de residuo contaminante. Es, en esencia, un nuevo tipo de tecnología biodegradable que contamina tras su desecho.

Supone un hito muy importante, el hecho de poder desarrollar tecnología amigable y no lesiva para el entorno medioambiental. Al contrario de como se ha difundido, estos componentes no podrían ser usados en biomedicina para implantes electrónicos temporales que se desintegran tras dejar de ser útiles, pues el calor generado por este proceso ni siquiera sería recomendable que alguien lo sostenerse mientras se está desintegrando. Para esto último ya hay otros estudios paralelos que están tratando de conseguirlo.

Componentes electrónicos que se evaporan sin dejar rastro

Son claras sus ventajas también en materia de que los futuros componentes electrónicos sean biodegradables, lo que actualmente supone un gran problema debido, sobre todo, a la gran cantidad de componentes electrónicos que se desechan debido a las industrias tan grandes como la de la telefonía móvil o la de los ordenadores.

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Imagina una placa base de un teléfono donde los componentes plásticos se desintegren, quedando exclusivamente los metales preciosos usados como el oro o el platino: su reciclaje sería mucho más sencillo y eficiente, además de menos contaminante, pues directamente todos los componentes que se libren de ser evaporados se podrían evaporar sencillamente.

Pero, ¿cómo se consigue que estos componentes se autodesintegren al dejar de ser útiles? La clave está en los metales usados: rubidio y cesio. Están separados entre sí por membranas de grafeno y nitruro de silicio. Tras recibir la alerta de autodestrucción mediante ondas de radio, el grafeno se calienta, se expande y rompe la membrana de nitruro de silicio.

Los metales entran en contacto con el aire y el calor de la reacción química producida hace que la carcasa de plástico del componente electrónico se vaporice. Es por ese calor tan intenso generado que, como decíamos antes, no está pensado para que una persona esté en contacto con el componente electrónico mientras se desintegra. Los gases generados, en cambio, no son nocivos.



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